Comprando nueva Laptop HP en BestBuy México

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Algunos días antes de mi repentino viaje de regreso a México, me había enterado en algunos blogs que BestBuy había abierto una sucursal en la tierra de los nopales, así que tomé la desición tres días después de haber llegado ir a conocer la tienda.

Esa vez fui solamente a mirar y quedé satisfecho y sosprendido con el excelente servicio que noté desde el principio dentro de esta filial con sede en Norteamérica. Me pareció en verdad de lo más acertado haber abierto una tienda BestBuy en México, ya que desde hace mucho he considerado a esta tienda como una de las más especialidades en la venta de artículos tecnológicos, fotografía, video, audio, celulares y hasta electrodomésticos.


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Dos días después y trás haber visto el extenso catálogo de computadoras portátiles que tenía BestBuy,
fui directamente con mi hermano menor a comprar una hermosa laptop.

Más de treinta modelos decoraban el lugar basados en las más populares marcas como son; Apple, Hp, Dell, Sony, Compaq y Acer.

Analizando los precios, pude notar con rapidéz que eran excelentes.

Luego de pasar más de dos horas con mi hermano mirando los diferentes departamentos de la tienda, decidimos ir a escoger la que sería
mi próxima computadora portátil o laptop como otros también le llaman. La marca de mi preferencia basada en mis múltiples experiencias, siempre
ha sido HP, por lo que sólo faltaba analizar los diferentes modelos para realizar la compra.

Luego de algunos minutos, me decidí por una de las más caras, pero por consiguiente más avanzada en todas sus funciones.

Con un costo cercano a los veinte mil pesos, hasta el más ignoto sabe que me traje algo bueno a casa.

Para empezar, les diré que es un equipo basado en un sistema operativo de 64 bits (la mayoría de ellas están basadas en 32 bits)

Lo anterior significa que es una computadora capaz de realizar una mayor cantidad de procesos en menor tiempo.

Asimismo, trae Windows Vista Home Premium, un procesador T5800 de Intel Core 2 Duo, una fascinante memoria Ram DDR de 4 Gigas, una tarjeta
de gráficos Nvidia Geforce 9200M, 320 gigas en disco duro SATA de 5400 RPM, unidad reproductora y grabadora de Cds y Dvs y por si fuera poco
cuenta con la tecnología LightScribe que permite imprimir la portada de cualquier Cd o Dvd usando tecnología láser haciéndolo tan fácil como
voltear sólamente el disco dentro de la misma unidad. (siempre y cuando el disco sea compatible con la tecnología LightScribe)

Aprovechando, compré un ratón inalámbrico Wireless láser de Microsoft y algunas series documentales en DVD.

Por cierto, y para información de todos, la tienda BestBuy se encuentra en el centro comercial Mundo E ubicado en el Boulevard Manuel Ávila Camacho
Número 1007, de la colonia Sn. Lucas Tepetlacalco en Tlalnepantla Estado de México. (Muy cerca de Satélite).

Ya con hambre, pasamos a comernos unos tacos de suadero con su limón, salsa y cebollas azadas en las afueras
del Metro Toreo Cuatro Caminos y regresamos a casa con la panza llena y el corazón contento.

Al día siguiente, fui al cibercafé más cercano a la casa de mi hermano en Polanco para realizar algunas configuraciones en mi nuevo juguete
y de paso descargar todas las aplicaciones que uso con frecuencia como son; Ares, Bitorrent, iTunes, MSN, Picasa, Firefox,
Google Chrome, Google Desktop, Google Heart y toda una serie de programas de seguridad informática para conservar mi paz espiritual.

Así que por ahora, seguiré disfrutando de este nuevo regalo y ya les estaré contando todo lo que haré para tratar de recuperar
esta valiosa inversión en aras nuevamente de encontrar más y mejores oportunidades en lo que va de mi estancia en México.

Gracias por leer un capítulo más del Reportero Sin Fronteras y que sea Dios quien ilumine su camino y le conduzca por el sendero de la verdad.

Sinceramente,
José Luis Ávila Herrera.

De Nashville Tennessee, a México Distrito Federal

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Ya les contaba en el capítulo anterior que al siguiente de que nos despidieran de la tienda, compré mi boleto para regresar a México.

En la central de autobuses, me habían dicho que mi salida estaba programada para las cinco de la tarde de aquél sábado trece de diciembre, era un viaje de la ciudad de Nashville TN, a la ciudad de Dallas, TX que duraría aproximadamente 12 horas.

Increíble, pero después de un verdadero caos y mala organización en la terminal, mi autobús salió de la central camionera a las 8 de la noche.

Hizo una escala en una gasolinería, bajamos a comprar algo y seguimos hasta Dallas.


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Eran las 8 de la mañana del domingo 14 de diciembre cuando mis ojos vieron a lo lejos la belleza de aquélla ciudad norteamericana
en la que viví un par de meses cuando recién había ingresado a los Estados Unidos y después de haber estado en San Antonio Texas durante mes y medio.

Bajé del autobús y pregunté sobre alguna salida a San Antonio o Laredo Texas, pero en esa terminal no había lugares disponibles sino
hasta el día siguiente.

Caminé un poco y dos cuadras después encontré otra central en la que sí había boletos directos a la ciudad de México Distrito Federal
haciendo una escala para cambiar de autobús en Laredo Texas. Esta línea resultó ser muy eficiente y salimos a las nueve de la mañana tal y como
me lo había informado la señorita que me vendió los boletos.

El viaje fue agradable pues tuvimos la oportunidad de hacer como tres escalas para comer algo y hasta para comprar algunos recuerdos
para nuestras familias.

Pasamos por Astin, San Antonio, Waco y San Marcos hasta llegar a la fronteriza ciudad de Laredo Texas.

En Laredo, esperamos aproximadamente como una hora y salimos con destino a la ciudad de México Distrito Federal.

Haré especial énfasis en decirles que fue absolutamente más difícil salir del país, que entrar a él dos años, un mes y cinco días atrás.

En las aduanas, los autobuses pasan rápido en el área que corresponde al lado americano, pero se hace un fila de proporciones
ridículas en la zona mexicana.

Cuando toca el turno a cada autobús, bajan a todos los pasajeros con su equipaje y personal del ejército revisa la unidad.

Todos los pasajeros del autobús, caminan hacia las oficinas de la aduana mexicana y pasan el equipaje por una máquina de rayos X,
si no emite ningún sonido el dispositivo, recojen sus maletas y pasan a otra área donde dos policías esperan uno a uno los pasajeros
con una especie de semáforo y un pequeño botón que cada pasajero deberá oprimir antes de cruzar hacia el patio donde está el autobús.

Si al oprimir el botón, le toca luz verde al pasajero, éste puede continuar caminando para esperar el autobús que ya ha sido revisado.
Si el pasajero tuvo mala suerte y le toca luz roja, deberá permitir que los policías revisen su equipaje de manera minuciosa.

Afortunadamente, en el autobús que yo viajaba sólo éramos cinco pasajeros y a todos nos tocó luz verde.

Minutos después, subimos nuestro equipaje a la unidad y continuamos nuestro viaje hacia el interior del país.

Pasamos por varias ciudades recogiendo y dejando más pasajeros hasta que pude ver las primeras casas del Estado de México.

Me sentí cerca, me senti feliz, me sentí contento.

Minutos después, estaba yo arribando a la ciudad de México donde mis hermanos trabajan y viven mezclados con el bullicio
de la gran ciudad.

Lo primero que hice, fue ir a un Hotel para bañarme y descansar un poco antes de ir a casa de uno de mis hermanos en la zona de Polanco.


Estando en el hotel, me di una buena ducha, dejé mi equipaje y salí a buscar unos deliciosos tacos de suadero con salsa picante, limón,
y cebollas azadas acompañados con una Coca Cola fría en botella de vidrio.

Me tragué como doce tacos de diferentes guizos; tripa, longaniza, bistec, sesos, cabeza, pastor y no sé qué más me dieron, pero me gustó.

Luego de pagar $70 pesos, (cindo dólares) pasé a comprar un cigarro suelto en un puesto de una esquina y me fui por ahí caminando despacio
entre las calles con destino al hotel donde había dejado mi equipaje.

Miré el reloj y era antes del medio día, busqué un café internet y me puse en contacto con mis amigos que ya estaban siguiendo de cerca
mi nueva odisea.

Más tarde, me puse en contacto con mi hermano de Polanco y tomé un taxi a su casa donde ya me esperaba con su esposa, sus hijos, mis otros
hermanos y comida caliente en la mesa.

Mamá estaba en mi casa de Veracruz, pero de inmediato le avisaron y salió ese mismo día hacia la capital para recibir al hijo
que dos años, un mes y cinco días atrás, había visto partir en busca del Sueño Americano.

Sorpresivamente, fui recibido en la casa de mi hermano con el Himno Nacional y no pude evitar aunque traté de algunas lágrimas derramar.

Abracé a todos los que estaban ahí y sentados en la mesa empezamos a charlar...

Preguntas y respuestas invadieron el lugar...

Les entregué a todos algunos pequeños recuerdos, monedas americanas y hasta algunos billetes verdes parte de su collección pasaron a formar.

Mi iPod touch y mi cámara Nikon D40x fueron la sensación, pasaban de mano en mano mientras la esposa de mi hermano miraba mis libros de Inglés.

Esa tarde y esa noche fue de largas conversaciones, comida y refrescos acompañaban nuestra charla mientras uno de mis hermanos
repetía sin parar el Himno Nacional.

La crisis económica y mi regreso a México

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Sorpresivamente, la crisis por la que atraviesan actualmente los Estados Unidos y varios otros países, me ha llevado al igual que miles de empleados que trabajaban en las diversas compañías norteamericanas a la búsqueda inesperada de nuevos horizontes.

Ya se rumoraba en la tienda que mi jefe cerraría el lugar en cualquier momento, pero no fue sino hasta el pasado día viernes 12 de diciembre que se nos dio la terrible noticia que nos cayó a todos como un helado balde de agua fría sobre nuestros cuerpos desnudos.


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Aún recuerdo los detalles del suceso como si hubiese sido ayer...

Mi jefe llegó esa tarde a la tienda como de costumbre, pero permanecía afuera del negocio dando pequeñas vueltas mientras fumaba sin parar
cigarro trás cigarro. Su conducta se me hizo rara a pesar de saber que fumaba demasíado todos los días.

Más de una hora estuvo así, me atrevo a pensar que no sabía ni qué decir...

De pronto, entró cabizbajo directo a su oficina y me llamó enseguida.

Con discresión, miré mi reloj como tratando de inmortalizar el momento exacto de algo que por siempre quedaría en mi recuerdo y que daría a
mi vida y a la de otros, un giro de 180 grados.

Eran las siete de la noche con diez minutos de aquél viernes 12 de diciembre del año 2008.

José, tengo algo que informarte. Dijo mi jefe en voz baja.

Las cosas no van nada bien en la tienda, las ventas han caído drásticamente y las deudas con el banco son cada día mayores, dijo mi jefe.

Por lo tanto y después de analizar bien la situación, he decidido cerrar la tienda por tiempo indefinido, pagaré la deuda al banco con
mis ahorros personales e iré a mi país para estar con mi familia y a la espera de nuevas oportunidades, concluyó.

Mientras tanto, dejo en tus manos la responsabilidad de informar esta desición a los empleados y diles que hablaré
con ellos en mi casa hoy a las nueve de la noche para realizar el pago de sus sueldos y nos despediremos todos con una
cena de comida china, postres y gelatinas.

Luego, salió sin ver a nadie y fui yo quien se puso a dar pequeñas vueltas afuera mientras fumaba cigarro tras cigarro.

Adentro, había esa noche tres empleados que atentos me miraban como presintiendo el fin de algo que para algunos apenas empezaba.

Cuarenta y cinco minutos después aproximadamente, entré y fui directo a la oficina para escribir con letras mayúsculas la palabra
CLOSED (cerrado) en una hoja blanca tamaño carta con un marcador de aceíte color negro.

Todos se quedaron inmóviles y callados...

Aclaré mi garganta y les dije: Todo lo que sube baja; y todo lo que empieza acaba.

Hace unos minutos, mi jefe me ha informado su desición de cerrar la tienda debido a graves problemas financieros.

Así que estoy seguro que ustedes al igual que yo esperaban ese momento en vista de la creciente cantidad de despidos no solamente locales, sino
de magnitudes nacionales e internacionales.

Tomé mi celular e hice venir de inmediato a los demás empleados que formaban parte de mi equipo de trabajo.

En pocos minutos, estábamos todos juntos hablando sobre economía y finanzas, repasando lo que ellos habían visto en la televisión,
leído en los periódicos y revistas y lo que yo sabía a través de Internet.

La situación era crítica y lamentablemente nos había tocado esta vez a nosotros ser parte de este fenómeno que ya había cobrado
la estabilidad económica de miles de personas en los Estados Unidos.

Esa noche, todos nos reunimos a las nueve en la casa de mi jefe.

Empezamos a tomar un brebaje chino que ahora no recuerdo el nombre, pero que emborracha y al paso de dos horas estábamos festejando a las risas
nuestra despedida en vez de estar llorando por nuestro incierto futuro.

Mi jefe haciendo gala de su gran don del convencimiento, relajó nuestra recóndita inquietud diciéndonos que regresaría de su país,
que le diéramos nuestros números de teléfono actuales, correos electrónicos y nuestras direcciones para estar en contacto permanente en aras
de futuras oportunidades.

No sé por qué, pero nos sentimos seguros.

Pasaron las horas y felices seguimos tomando esa cosa rara que en cada trago nos daba una pequeña dosis de olvido cubierta con
sublimes esperanzas de volver a trabajar todos juntos para quien durante todo este tiempo alimentó nuestras bocas, nuestros sueños y nuestros ideales.

Eran las tres de la mañana cuando desperté de un profundo letargo recostado sobre un sofá de piel color miel y frente a mi, seis enormes pantallas
LCD Bravia de Sony en las que mi jefe nos veía diariamente por su sistema de seguridad basado en 23 cámaras que yo mismo le había aconsejado instalar.

Del otro lado, un enorme jardín con flores de colores que apenas veía con las tenúes luces de las lámparas decorativas del exterior.

No vi a nadie cerca ni escuche ruido alguno, salí despacio, encendí mi motocicleta RV250 y salí con destino al dúplex donde aún vivía.

Ese mismo día, me dediqué a empacar algunas cosas y tomé la determinación de volver a casa.

Aunque pude, me dio flojera ir por ahí de paso en paso buscando otro lugar donde trabajar.

Pensé que después de todo, mi Sueño Americano se había realizado.

Es más, me daba pena pensar en que el famoso manager o encargado de la que alguna vez fuera una tienda próspera y concurrida,
anduviera por ahí dando lástimas buscando la manera y forma de ganarse el pan de cada día.

No estaba dispuesto a humillarme, la gente me conocía...

Suponiendo que no me importara lo que dijera la gente, era como empezar de nuevo y para eso, no esta dispuesto.

Me imaginé viendo la gravedad de la crisis, hasta trabajando en la construcción dos o tres días por semana debido a las inclemencias del tiempo.

Preparé lo que más pude y salí a comprar un boleto hacia la ciudad de México, no avisé a nadie de mi familia,
quería llegar así de sorpresa, así de pronto, así como un ladrón.

Por razones que aunque sospecho ignoro, me sentía feliz y el hecho de saber que vería de nuevo a mi madre y a mis hermanos
después de dos largos años, dibujaba en mi rostro una ligera sonrisa.