De Nashville Tennessee, a México Distrito Federal

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Ya les contaba en el capítulo anterior que al siguiente de que nos despidieran de la tienda, compré mi boleto para regresar a México.

En la central de autobuses, me habían dicho que mi salida estaba programada para las cinco de la tarde de aquél sábado trece de diciembre, era un viaje de la ciudad de Nashville TN, a la ciudad de Dallas, TX que duraría aproximadamente 12 horas.

Increíble, pero después de un verdadero caos y mala organización en la terminal, mi autobús salió de la central camionera a las 8 de la noche.

Hizo una escala en una gasolinería, bajamos a comprar algo y seguimos hasta Dallas.


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Eran las 8 de la mañana del domingo 14 de diciembre cuando mis ojos vieron a lo lejos la belleza de aquélla ciudad norteamericana
en la que viví un par de meses cuando recién había ingresado a los Estados Unidos y después de haber estado en San Antonio Texas durante mes y medio.

Bajé del autobús y pregunté sobre alguna salida a San Antonio o Laredo Texas, pero en esa terminal no había lugares disponibles sino
hasta el día siguiente.

Caminé un poco y dos cuadras después encontré otra central en la que sí había boletos directos a la ciudad de México Distrito Federal
haciendo una escala para cambiar de autobús en Laredo Texas. Esta línea resultó ser muy eficiente y salimos a las nueve de la mañana tal y como
me lo había informado la señorita que me vendió los boletos.

El viaje fue agradable pues tuvimos la oportunidad de hacer como tres escalas para comer algo y hasta para comprar algunos recuerdos
para nuestras familias.

Pasamos por Astin, San Antonio, Waco y San Marcos hasta llegar a la fronteriza ciudad de Laredo Texas.

En Laredo, esperamos aproximadamente como una hora y salimos con destino a la ciudad de México Distrito Federal.

Haré especial énfasis en decirles que fue absolutamente más difícil salir del país, que entrar a él dos años, un mes y cinco días atrás.

En las aduanas, los autobuses pasan rápido en el área que corresponde al lado americano, pero se hace un fila de proporciones
ridículas en la zona mexicana.

Cuando toca el turno a cada autobús, bajan a todos los pasajeros con su equipaje y personal del ejército revisa la unidad.

Todos los pasajeros del autobús, caminan hacia las oficinas de la aduana mexicana y pasan el equipaje por una máquina de rayos X,
si no emite ningún sonido el dispositivo, recojen sus maletas y pasan a otra área donde dos policías esperan uno a uno los pasajeros
con una especie de semáforo y un pequeño botón que cada pasajero deberá oprimir antes de cruzar hacia el patio donde está el autobús.

Si al oprimir el botón, le toca luz verde al pasajero, éste puede continuar caminando para esperar el autobús que ya ha sido revisado.
Si el pasajero tuvo mala suerte y le toca luz roja, deberá permitir que los policías revisen su equipaje de manera minuciosa.

Afortunadamente, en el autobús que yo viajaba sólo éramos cinco pasajeros y a todos nos tocó luz verde.

Minutos después, subimos nuestro equipaje a la unidad y continuamos nuestro viaje hacia el interior del país.

Pasamos por varias ciudades recogiendo y dejando más pasajeros hasta que pude ver las primeras casas del Estado de México.

Me sentí cerca, me senti feliz, me sentí contento.

Minutos después, estaba yo arribando a la ciudad de México donde mis hermanos trabajan y viven mezclados con el bullicio
de la gran ciudad.

Lo primero que hice, fue ir a un Hotel para bañarme y descansar un poco antes de ir a casa de uno de mis hermanos en la zona de Polanco.


Estando en el hotel, me di una buena ducha, dejé mi equipaje y salí a buscar unos deliciosos tacos de suadero con salsa picante, limón,
y cebollas azadas acompañados con una Coca Cola fría en botella de vidrio.

Me tragué como doce tacos de diferentes guizos; tripa, longaniza, bistec, sesos, cabeza, pastor y no sé qué más me dieron, pero me gustó.

Luego de pagar $70 pesos, (cindo dólares) pasé a comprar un cigarro suelto en un puesto de una esquina y me fui por ahí caminando despacio
entre las calles con destino al hotel donde había dejado mi equipaje.

Miré el reloj y era antes del medio día, busqué un café internet y me puse en contacto con mis amigos que ya estaban siguiendo de cerca
mi nueva odisea.

Más tarde, me puse en contacto con mi hermano de Polanco y tomé un taxi a su casa donde ya me esperaba con su esposa, sus hijos, mis otros
hermanos y comida caliente en la mesa.

Mamá estaba en mi casa de Veracruz, pero de inmediato le avisaron y salió ese mismo día hacia la capital para recibir al hijo
que dos años, un mes y cinco días atrás, había visto partir en busca del Sueño Americano.

Sorpresivamente, fui recibido en la casa de mi hermano con el Himno Nacional y no pude evitar aunque traté de algunas lágrimas derramar.

Abracé a todos los que estaban ahí y sentados en la mesa empezamos a charlar...

Preguntas y respuestas invadieron el lugar...

Les entregué a todos algunos pequeños recuerdos, monedas americanas y hasta algunos billetes verdes parte de su collección pasaron a formar.

Mi iPod touch y mi cámara Nikon D40x fueron la sensación, pasaban de mano en mano mientras la esposa de mi hermano miraba mis libros de Inglés.

Esa tarde y esa noche fue de largas conversaciones, comida y refrescos acompañaban nuestra charla mientras uno de mis hermanos
repetía sin parar el Himno Nacional.
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